CULTURA: Literatura

CULTURA: Literatura

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    Hacia fines del siglo XIX, emergió como un moderno medio cultural, convirtiéndose en un factor vital en el movimiento de renacimiento nacional que culminó en el sionismo político.​​​​​
  • La Semana del Libro Hebreo en Tel Aviv, junio de 2003 (Foto: OPG)
     
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  • Renacimiento del idioma hebreo

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    The Hebrew alphabet
    El alfabeto hebreo

    El hebreo es el idioma de Israel. Aunque virtualmente dejó de ser hablado alrededor del año 200 EC, continuó siendo empleado por los judíos a lo largo de las generaciones como “lengua sacra” en la liturgia, la filosofía y la literatura. Hacia fines del siglo XIX, emergió como un moderno medio cultural, convirtiéndose en un factor vital en el movimiento de renacimiento nacional que culminó en el sionismo político.

    La administración del Mandato Británico reconoció el hebreo como idioma oficial del país, a la par del inglés y del árabe, y su uso fue adoptado por las instituciones judías y sus redes educativas. La prensa y literatura hebreas florecieron con nuevas generaciones de autores y lectores, y hoy en día es un idioma  vívido, rico y dinámico. De unas 8.000 palabras en los tiempos bíblicos, el vocabulario hebreo se ha ampliado a más de 120.000 vocablos. Su desarrollo lingüístico formal es guiado por la Academia de la Lengua Hebrea (fundada en 1953).

     

    Eliezer Ben-Yehudá (1858-1922) inició el renacimiento del hebreo como idioma vivo.
    Después de establecerse en la Tierra de Israel en 1881, promovió enérgicamente el empleo del hebreo en la vida diaria, en el hogar y en la escuela, acuñó miles de palabras nuevas, fundó dos periódicos en hebreo, fue cofundador en 1890 del Comité de Idioma Hebreo (precursor de la Academia de la Lengua) y compiló a partir de 1910 varios de los 17 volúmenes del Diccionario Completo de Hebreo Antiguo y Moderno, completado por su viuda y su hijo en 1959.
     
  • Prosa

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    Hebrew books
    Cortesía Studio Rami & Jacky

    La prosa hebrea moderna en la Tierra de Israel fue escrita en un comienzo por autores inmigrados. Aunque arraigados en el mundo y las tradiciones de los judíos de la Europa oriental, sus obras versaban principalmente sobre los logros creativos en la Tierra de Israel, a la que habían venido para  "construirla y construirse en ella", según rezaba un lema de aquella época.

    Yosef Haim Brenner (1881-1921), y Shmuel Yosef Agnón (1888-1970), que hizo entrar la prosa hebrea en el siglo XX, son considerados por muchos como los padres de la literatura hebrea moderna.
     
    Brenner, en su esfuerzo por captar la realidad, prefirió las formas rabínicas y medievales de hebreo coloquial, creando nuevas expresiones y empleando una sintaxis dramática para producir el efecto de un habla viva. Un elemento central de las obras de Brenner es su identificación tanto con la lucha física de los pioneros por asirse en una tierra árida y dura, muy diferente de los países europeos en los que habían nacido, y la lucha, no menos difícil, por delinear la identidad del judío en la Tierra de Israel.
     
    Agnón optó por emplear en sus obras formas más modernas del hebreo. Su familiaridad con la tradición judía, junto con la influencia de la literatura europea del siglo XIX y comienzos del siglo XX, le permitieron crear un cuerpo de ficción que trata de las principales preocupaciones espirituales de la hora, la desintegración de las formas de vida tradicionales, la pérdida de la fe y la consiguiente pérdida de la identidad. Como judío ortodoxo y escritor de intuición y visión psicológica, Agnón expresó su afinidad con los sombríos e irracionales aspectos de la psiquis humana y una identificación con las incertidumbres internas del judío, creyente y no creyente. La realidad, pintada por Agnón, se convierte en un ambiente trágico, a veces grotesco, con las influencias de la guerra y el Holocausto en muchas de sus obras. El mundo de los judíos píos se revela con todas sus pasiones y tensiones. En 1966, Agnón fue co-receptor del Premio Nobel de Literatura (junto con Nelly Sachs), el primer Premio Nobel otorgado a un israelí.
     
    Los escritores nacidos en el país que empezaron a publicar en las décadas de los años 1940 y 1950, denominados a veces "la generación de la Guerra de la Independencia", trajeron a sus obras una mentalidad y un trasfondo cultural diferentes de los de sus predecesores, sobre todo porque su lengua materna era el hebreo y su experiencia estaba plenamente arraigada en la Tierra de Israel. Autores como S. Yitzhar, Moshé Shamir, Hanoch Bartov, Haim Guri y Benjamín Tammuz vacilan dramáticamente entre el individualismo y el compromiso para con la sociedad y el estado, presentando un modelo de realismo social, frecuentemente de tono heroico, que refleja una mezcla de influencias locales e internacionales.
     
    A comienzos de la década de 1960, un grupo de escritores jóvenes y muy influyentes: A. B. Yehoshua, Amos Oz, Yoram Kaniuk y Yaacov Shabtai, exploraron nuevos enfoques de la creación literaria en prosa, que marcan una ruptura con los moldes ideológicos, centrándose en el mundo del individuo.
     
    Durante las dos décadas siguientes se experimentó con diversas formas narrativas y estilos de prosa que pasaron a primer plano en la creación literaria, por ejemplo el realismo psicológico, la alegoría, el simbolismo, y el escepticismo respecto a los convencionalismos sociales y políticos de Israel.
    Library
    Foto: J. Malcolm

    Las décadas de 1980 y 1990 presenciaron una explosión de actividad literaria, junto con un aumento  impresionante del número de libros publicados. Al mismo tiempo, varios escritores israelíes obtuvieron reconocimiento internacional, entre ellos Amos Oz, Yehoshua, Kaniuk, Aharon Appelfeld, David Shahar, David Grossman y Meir Shalev. La confianza en la literatura como medio que permite al lector comprenderse a sí mismo, como individuo y como parte de su entorno, caracteriza a la prosa de este período, escrita por tres generaciones sucesivas de autores. Muchos de ellos se refieren  también a los dilemas políticos y morales de la vida en Israel, especialmente Oz, Grossman y Shalev.

     
    Esfuerzos renovados para enfrentarse con la tragedia del Holocausto han llevado a formular nuevas formas de expresión para tratar cuestiones fundamentales que sólo pueden ser debatidas en una perspectiva de tiempo y lugar, que integre la distancia con la implicación (Appelfeld, Grossman, Yehoshua Kenaz, Alexander y Yonat Sened, Nava Semel y otros). El mejor ejemplo de ello es quizás Ver entrada: “Amor”, de Grossman, narrado en parte desde la perspectiva de un niño, Momik, que ve desplegarse las secuelas del Holcausto dentro de su familia de inmigrados.
     
    Tambien se han abordado temas nunca antes tratados, como la vida en la aldea árabe (Antón Shammas, un escritor árabe cristiano; Sayed Kashua, un escritor y periodista árabe musulmán), el mundo de los judíos ultraortodoxos que se segregan deliberadamente de la sociedad moderna (Yossl Birstein), la vida en las comunidades jasídicas de Jerusalén (Haim Beer), y los intentos de un escéptico para enfrentarse con la existencia, en un período en que las ideologías laicas están sucumbiendo y el fundamentalismo religioso se fortalece (Yitzjak Auerbach-Orpaz).
     
    Otro importante tema que examinan algunos autores de origen sefardita es el lugar que la sociedad israelí otorga a un inmigrante alienado, oriundo de un país árabe (Sami Michael, Albert Suissa, Dan Benaya-Seri). Otros exploran temas universales como la democracia y la justicia, según son vistos en el contexto de una sociedad sometida a constantes desafíos en la mayoría de las áreas de su vida nacional (Yitzhak Ben Ner, Kaniuk, Grossman, Oz).

    Varias escritoras que se han dado a conocer en las últimas décadas escriben no sólo sobre temas de índole general sino también sobre el mundo de las mujeres conscientes de su lugar en la tradición judía, y de su papel en el proyecto sionista (Amalia Kahana-Carmon, Chana Bat-Shahar, Shulamit Hareven, Shulamit Lapid, Ruth Almog, Savion Liebrecht, Batya Gur). Lapid y Gur han incursionado también en el género detectivesco con aclamación de la crítica tanto local como extranjera.

     
    Recientemente ha emergido una generación más joven de escritores, que rechaza gran parte de la centralidad de la experiencia israelí y revela una tendencia más universalista, frecuentemente de naturaleza alienada, surrealista e idiosincrásica. Algunos de estos escritores (Yehudit Katzir, Etgar Keret, Orly Castel-Blum, Gadi Taub, Irit Linor, Mira Maguen) se han convertido en ídolos, y sus nuevas obras tienen asegurado un lugar a la cabeza de las listas de los libros de mayor venta en Israel y a veces también en el extranjero. En los últimos años las colecciones de relatos cortos de Keret, como Añorando a Kissinger,  gozan de un éxito notable entre un amplio sector de lectores europeos y le han valido varios premios prestigiosos.
     
    Además de la abundante producción literaria hebrea, un número significativo de obras, tanto en prosa como en poesía, aparecen en otros idiomas, en especial el árabe, el inglés, el francés y el español. Con la inmigración de más de un millón de judíos provenientes de la ex Unión Soviética, Israel se ha convertido en el mayor centro de creación literaria en idioma ruso fuera de Rusia misma.
     
    En  los últimos años, editores israelíes han ingresado en forma masiva al área de la publicación electrónica. Los programas israelíes, que cubren una amplia gama de temas, se venden en todo el mundo.
  • Poesía

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    "Al abrir los ojos"

    Nieve en las montañas
    arriba de los lugares altos
    y arriba de Jerusalén.
    Baja Jerusalén
    y devuélveme mi niño.
    Ven tú Belén
    y devuélveme mi niño.
    Venid montañas altas
    y venid vientos
    y crecidas de los ríos
    y devolvedme mi niño.
    Y aún tú junco doblado
    o tallo flaco en la corriente
    y zarzas hebrosas del desierto 
    devolvedme mi niño
    como alma que vuelve al cuerpo
    al abrir los ojos.

     
    Dalia Ravikovich

     

     

     

     

     

     

     



    International Poets' Festival Jerusalem - Poster by Raphie Etgar
    Festival internacional de poesía de Jerusalén, Mishkenot Shaananim - Poster de Raphie Etgar (con permiso del artista)

    La poesía hebrea, escrita sin interrupción desde los tiempos bíblicos hasta el presente, aúna influencias externas y tradiciones internas. La poesía antigua, que incorporaba temas religiosos y nacionales, contenía también motivos de experiencia personal, hoy predominantes en la poesía.


    Una ruptura con la expresión poética tradicional se produjo en Europa en el período llamado de la Ilustración Judía (1781-1881), en el cual los judíos lucharon por obtener plena ciudadanía y por secularizar su vida comunitaria. La ruptura continuó luego cuando el sionismo, el movimiento que llamaba a restaurar la vida nacional judía en la Tierra de Israel, empezó a cobrar auge a partir de fines del siglo XIX. Los principales poetas de este período fueron Haim Nahman Bialik (1873-1934) y Shaul Tchernichovsky (1875-1943), que abandonando sus países de origen a comienzos del siglo XX, emigraron a la Tierra de Israel.

    Las obras de Bialik, que reflejan su absoluto compromiso con el renacimiento nacional judío y rechazan la viabilidad de una vida judía en la Europa oriental, incluyen tanto largos poemas épicos que retoman capítulos de la historia judía, como pura poesía lírica que versa sobre el amor y la naturaleza. Bialik, llamado a menudo ‘poeta nacional’ o ‘el poeta del renacimiento hebreo’, forjó un nuevo idioma poético, libre de la pesada influencia bíblica de sus predecesores, si bien manteniendo la estructura clásica y la claridad de expresión por medio de una fraseología rica y estudiada, pero contemporánea. Generaciones de escolares israelíes han aprendido sus poemas de memoria.

     
    Tchernichovsky, que escribió poesía lírica, épica dramática, baladas y alegorías, se proponía rectificar el mundo del judío inyectándole un espíritu de orgullo y dignidad personal así como una percepción más intensa de la naturaleza y la belleza. Su sentido del lenguaje, que incluye una afinidad por el hebreo rabínico, era diferente del idioma de Bialik, que integraba la influencia bíblica con la emergente forma coloquial. Ambos, Bialik y Tchernichovsky, representan la transición de la antigua poesía judía al género moderno.
     
    Abraham Shlonsky, Natan Alterman, Lea Goldberg y Uri Zvi Grinberg encabezaron la siguiente generación de poetas, que escribió en los años previos a la fundación del estado y durante los primeros años de vida estatal.
     
    Shlonsky utilizaba un torrente de imágenes y de invenciones lingüísticas en su poesía así como en sus prolíficas traducciones de poesía clásica, especialmente del ruso. Las obras de Alterman, muchas de las cuales se destacan por su contenido político, acompañaron cada etapa del desarrollo de la comunidad judía y se caracterizan por la riqueza de lenguaje y una variedad de formas poéticas, tono y rima, imágenes y metáforas.
     
    Lea Goldberg expandió el ámbito de lirismo en poemas que hablan de la ciudad, la naturaleza y el ser humano en búsqueda de amor, contacto y atención. Grinberg escribió una poesía de desesperación e ira, con imágenes y estilo violentos, dedicándose principalmente a temas nacionalistas y al impacto del Holocausto. Esta pléyade de poetas fue la primera en introducir los ritmos del habla cotidiana en la poesía hebrea; revivieron antiguas expresiones idiomáticas y acuñaron otras nuevas, otorgando al antiguo lenguaje una nueva flexibilidad y riqueza.
     
    La poesía de este período, que estaba influida en gran medida por el futurismo y el simbolismo rusos y por el expresionismo alemán, tendía hacia la estructura clásica y la melodía de una rima ordenada. Reflejaba imágenes y paisajes del país natal del poeta y visiones frescas de su nuevo país sobre un modo heroico, así como recuerdos de ‘allí’ y el deseo de echar raíces ‘aquí’, expresando, como lo escribió Lea Goldberg, “el dolor de dos patrias”. A muchos poemas de este período se les compuso música y pasaron a ser parte integrante de la cultura popular del país.
     
    La primera poetisa destacada en hebreo fue Rahel Bluwstein (1890-1931), conocida simplemente como “Rahel”. Sus obras establecieron el fundamento normativo de la poesía hebrea femenina así como las expectativas del público respecto de esta poesía. Su estilo lírico, breve, emocional, sin pretensiones intelectuales y personal, ha prevalecido, como se ve en la mayoría de las obras de las poetisas de su época y posteriores como Dalia Ravikovitch y Maya Bejerano.

    A mediados de la década de 1950, surgió un nuevo grupo de poetas jóvenes cuya lengua materna era el hebreo, encabezado por Yehudá Amichai, Natán Zach, Dan Pagis, T. Carmi y David Avidan. Este grupo tendió al tono menor, a una retirada general de las experiencias colectivas, a una libre observación de la realidad y a un estilo coloquial, y cambió las principales influencias poéticas de Pushkin y Schiller a la moderna poesía inglesa y norteamericana. Las obras de Amichai, que han sido ampliamente traducidas, se caracterizan por su uso del idioma cotidiano, la ironía y metáforas metafísicas. Estas pasaron a ser el sello de mucha de la poesía escrita por sus contemporáneos más jóvenes, quienes proclamaron el término de la poesía ideológica y rompieron completamente con la tradición de Alterman y Shlonsky de estructuras clásicas y de una rima ordenada. Las obras de Zach extraen innovadoras cualidades casi litúrgicas y musicales del hebreo cotidiano.

     
    El campo de la poesía hebrea hoy en día es una polifonía que comprende varias generaciones, en la que aparecen poetas veinteañeros junto a otros de edad mediana. Representates del último grupo son Meir Wieseltier, cuya prosaica, vulgar y directa dicción repudia todo romanticismo y eleva la imagen de Tel Aviv como símbolo de la realidad; Yair Horowitz, cuyos cohibidos versos expresan la amable tristeza de una persona consciente de su propia mortalidad; y Yona Wallach, que se presenta en tonos coloquiales, sarcásticos, usando motivos arquetípicos, simbolismo freudiano, a veces una brutal sensualidad, repeticiones rítmicas y largas series de asociaciones. Otros importantes poetas actuales son Asher Reich, Arieh Sivan, Ronny Someck y Moshé Dor.
     
    La poesía de la generación más reciente está dominada por el individualismo y la incertidumbre y tiende a poemas breves escritos en una dicción coloquial, de metro libre y no rimados. Ejemplos de ese estilo pueden hallarse en los pomeas de Agi Mishol, nacido en Tranilvania. La poesía en Israel cuenta con un gran círculo de fieles lectores, y algunos volúmenes de poemas, de todos los períodos, se venden en ediciones tan amplias como las publicadas en países de mucho mayor población. 
    Translation of Hebrew literature

    El Instituto para la Traducción de Literatura Hebrea fue establecido en 1962 para familiarizar a los lectores y editores extranjeros con la literatura hebrea contemporánea. Bajo sus auspicios, cientos de obras de ficción, poesía, drama y literatura infantil han sido publicadas en alrededor de 40 idiomas - desde el alemán y el galés hasta el hindi y el chino. Los proyectos del Instituto varían de la preparación de antologías a la organización de conferencias de traductores y la participación en ferias internacionales del libro.

    La base de datos computarizada del instituto y las bibliografías anuales de literatura hebrea traducida proporcionan información a investigadores de todo el mundo. El Instituto publica además Modern Hebrew Literature, una revista bienal en inglés. ​  
     

     
  • Literatura Infantil

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    Children's literature in Israel
    Cortesía Studio Rami & Jacky
    Children reading books
    Cortesía de la Asociación de Voluntarios de Israel

    La literatura infantil, que comprende tanto textos originales como traducciones de clásicos de muchos idiomas, integra una amplia variedad de temas y estilos de prosa, que reflejan una tendencia mundial hacia un enfoque más directo y sofisticado del lenguaje y del contenido intelectual al escribir para niños. Se prefieren formulaciones más expresivas y vívidas, que permiten al joven lector identifiarse con el contenido de los textos de modo dinámico.

     
    El estímulo al espíritu inquisitivo y a la reflexión autónoma  han pasado a ser elementos básicos de la literatura infantil actual. Aunque los temas de significado social y nacional siguen siendo importantes, ahora se los trata con mayor sinceridad y apertura. Algunos libros actuales se esfuerzan por combatir estereotipos difundidos en la  diversificada sociedad israelí, presentando bajo un ángulo positivo grupos de inmigrados oriundos de diferentes lugares del mundo; otros ofrecen resúmenes históricos y biográfícos, centrados en figuras prominentes que han contribuido al desarrollo del país en los últimos cien años, a partir de la renovación de la vida judía en la Tierra de Israel.
     
    Desde fines de la década de 1960, la literatura infantil tiende a centrarse en el mundo real de los niños, tratando temas como la muerte, el divorcio, la familia monoparental, los minusválidos, la adolescencia y la lucha por  un lugar propio en la familia y la sociedad. Se han escrito también muchos libros infantiles llenos de imaginación, que brindan a los jóvenes lectores fantasía pura, entretenimiento y escapismo.
     
    Israel es también excepcional en cuanto al número de autores renombrados que escriben para niños al igual que para adultos. Uno de ellos es. David Grossman  (“El niño del zigzag” , “Itamar anda por las paredes” y otro es Etgar Keret  (“Papá se fuga con el circo”). Muchos de estos libros esfuman el límite entre el cuento de niños y la novela para adultos. Libros israelíes para niños se han traducido a una variedad de idiomas.